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SAN PABLO

Año de San Pablo del 28 junio 2008 - 29 julio 2009

El Año Paulino debe ayudarnos para redescubrir la figura del Apóstol, releer sus numerosas cartas dirigidas a las primeras comunidades cristianas, revivir los primeros tiempos de nuestra iglesia, profundizar en sus ricas enseñanzas a los "gentiles", meditando en su vigorosa espiritualidad de fe, esperanza y caridad, revitalizar nuestra fe y nuestro papel en la iglesia de hoy a la luz de sus enseñanzas, rezar y trabajar por la unidad de todos los cristianos en una Iglesia unida.

El apóstol Pablo es un ejemplo de primer plano, de quien todos tenemos todavía tanto que aprender y este es el objetivo del Año Paulino: aprender de San Pablo la fe, aprender de él quien es Cristo, aprender, en último término, el camino para una vida recta. Ojalá que estos datos de su vida y los textos, seleccionados, puedan servir de ayuda.

 DATOS   DE   LA  VIDA  DE   SAN  PABLO

NACIMIENTO:

Las noticias acerca de la vida de este gran apóstol están contenidas en "Los Hechos de los Apóstoles" y en las cartas del santo. Son verdaderamente interesantes. Nació en la ciudad de Tarso, en el Asia Menor, quizás unos diez años después del nacimiento de Jesucristo. Su primer nombre era Saulo. Era de familia de judíos, de la tribu de Benjamín y de la secta de los fariseos. Fue educado en toda la rigidez de las doctrinas de los fariseos, y aprendió muy bien el idioma griego que era el que en ese entonces hablaban las gentes cultas de Europa. Esto le será después sumamente útil en su predicación.

INQUIETUDES:

En Hechos de los Apóstoles 22,3, San Pablo indica: "Yo soy judío. Nací en Tarso de Sicilia, pero me crié aquí en Jerusalén y estudié bajo la dirección de Gamaliel, muy de acuerdo con la ley de nuestros antepasados". Durante la vida pública de Jesús no estuvo Saulo en Palestina, por eso no lo conoció personalmente. Después de la muerte de Jesús, volvió nuestro hombre a Jerusalén y se encontró con que los seguidores de Jesús se habían extendido mucho y emprendió con muchos otros judíos una feroz persecución contra los cristianos. Al primero que mataron fue al diácono San Esteban y mientras los demás lo apedreaban, Saulo les cuidaba sus vestidos, demostrando así que estaba de acuerdo con este asesinato. Pero Esteban murió rezando por sus perseguidores y obtuvo pronto la conversión de este terrible enemigo.

CONVERSIÓN:

Saulo salió para Damasco con órdenes de los jefes de los sacerdotes judíos para apresar y llevar a Jerusalén a los seguidores de Jesús. Pero por el camino una luz deslumbrante lo derribó del caballo y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?”. Él preguntó: "¿Quién eres tú?- y la voz le respondió: "Yo soy Jesús el que tú persigues". Pablo añadió: “¿Señor, que quieres que yo haga?” y Jesús le ordenó que fuera a Damasco y que allá le indicaría lo que tenía que hacer. Desde ese momento quedo ciego y así estuvo por tres días. Y allá en Damasco un discípulo de Jesús lo instruyó y lo bautizó, y entonces volvió a recobrar la vista. Desde ese momento dejó de ser fariseo y empezó a ser apóstol cristiano.

Después se fue a Arabia y allá estuvo tres años meditando, rezando e instruyéndose en la doctrina del cristianismo.

Vuelto a Damasco empezó a enseñar en las Sinagogas que Jesucristo es el Redentor del mundo. Entonces los judíos dispusieron asesinarlo y tuvieron los discípulos que descolgarlo por la noche en un canasto por las murallas de la ciudad. Muchas veces tendrá que salir huyendo de diversos sitios, pero nadie logrará que deje de hablar a favor de Cristo Jesús y de su doctrina.

VIAJES DE SAN PABLO:

 San Pablo hizo cuatro grandes viajes que se han hecho famosos.

 El primero: (46 - 49) Pablo, Bernabé y Juan Marcos: Chipre, Antioquía de Pisidia, (Juan Marcos regresa a Jerusalén) Iconio. En ese viaje cambio su nombre de Saulo por el de Pablo, en honor de su primer gran convertido, el gobernador de Chipre, que se llamaba Sergio Pablo.

El segundo viaje lo hizo de los años 49 al 52. En este recorrido ya es menos impulsivo que en el viaje anterior y encuentra menos reacciones violentas, pero estas no faltan y bastante graves. Visita las comunidades o iglesias que fundó en el primer viaje y se propone seguir misionando por el Asia Menor pero un mensaje del cielo se lo impide y le manda que pase a Europa a misionar. Se encuentra con dos valiosos colaboradores: el evangelista San Lucas (a quien llama "médico amadísimo") y Timoteo, que será su más fiel secretario y servidor, y a quien escribirá después dos cartas que se han hecho famosas.

La primera ciudad europea que visitó fue Filipos (en sueños oyó que un habitante de Filipos le suplicaba: "Ven a ayudarnos"). Allí le sacó el demonio a una muchacha que hacía adivinaciones y al acabárseles el negocio de los que cobraban por cada adivinación, estos arremetieron contra Pablo y su compañero Silas y les hicieron dar una feroz paliza. Pero en la cárcel a donde los llevaron, lograron convertir y bautizar al carcelero y a toda su familia. Pablo guardó siempre un gran cariño hacia los habitantes de Filipos y a ellos dirigió después una de sus más afectuosas cartas, la Epístola a los Filipenses.

Después paso a la ciudad de Atenas, que era la más famosa en cuanto a cultura y filosofía. Allá predicó un sermón en el Aerópago, y aunque muchos se rieron porque hablaba de que Cristo había resucitado, sin embargo logró convertir a Dionisio el aeropagita, a Damaris y a varias personas más.

Enseguida pasó a Corinto, que era un puerto de gran movimiento de gentes. Allí estuvo predicando durante un año y seis meses y logró convertir gran cantidad de gentes. Más tarde dirigirá a sus habitantes sus dos célebres cartas a los Corintios. De allí salió a hacer su cuarta visita a Jerusalén.

Su tercer viaje lo hizo del año 53 al 56. En este viaje lo más notorio fue que en la ciudad de Efeso en la cual estuvo por bastantes meses, Pablo logró que muchas personas empezaran a darse cuenta de que la diosa Diana que ellos adoraban era un simple ídolo, y dejaron de rendirle culto. Entonces los fabricantes de estatuillas de Diana al ver que se arruinaba el negocio, promovieron un gran tumulto en contra del Apóstol.

De Efeso partió Pablo hacia Jerusalén, en su cuarto viaje a llevar a los cristianos pobres de esa ciudad el producto de una colecta que había promovido entre las ciudades que había evangelizado. Por todas partes se iba despidiendo, anunciando a sus discípulos que el Espíritu Santo le comunicaba que en Jerusalén le iban a suceder hechos graves, y que por eso probablemente no lo volverían a ver. Esto causaba profunda emoción y lágrimas en sus seguidores que tanto lo estimaban.

En su cuarto viaie a Jerusalén del 61 al 63, los judíos promovieron contra él un espantoso tumulto y estuvieron a punto de lincharlo. A duras penas lograron los soldados del ejército romano sacarlo con vida de entre la multitud enfurecida. Entonces cuarenta judíos juraron que no comerían ni beberían mientras no lograran matar a Pablo. Al saber la hermana de él esta grave noticia, mandó un sobrino a que se la contara. Entonces Pablo avisó al comandante del ejército, y de noche, en medio de un batallón de caballería y otro de infantería, lo sacaron de Jerusalén y lo llevaron a Cesarea. Allá estuvo preso por dos años, pero permitían que sus discípulos fueran a visitarlo. Al darse cuenta Pablo de que los judíos pedían que lo llevaran a Jerusalén para juzgarlo (para poder matarlo por el camino), pidió ser juzgado en Roma, y el gobernante acepto su petición. Y en un barco comercial fue enviado, custodiado por 40 soldados.


Y sucedió que en la travesía estalló una espantosa tormenta y el barco se hundió. Pero Jesucristo le anunció a Pablo que por el amor que le tenía a su muy estimado Apóstol no permitiría que ninguno de los viajeros del barco se ahogase. Y así sucedió. Lograron llegar a la Isla de Greta y allí salvaron sus vidas del naufragio. Al fin llegaron a Roma, donde esperaban a Pablo con gran entusiasmo los cristianos. En esa ciudad capital estuvo por dos años preso (casa por cárcel) con un centinela en la puerta. Y los cristianos y los judíos iban frecuentemente a charlar con él, y aprovechaba toda ocasión que se le presentara para hablar de Cristo y conseguirle más y más seguidores.

Cuando estalló la persecución de Nerón (a. 67), éste mandó matar al gran Apóstol, cortándole la cabeza. Dicen que sucedió el martirio en el sitio llamado Las Tres Fontanas.

SUS 13 CART AS:

San Pablo se ha hecho famoso por sus 13 cartas en las cuales enseña verdades valiosísimas para la vivencia de nuestra fe. Esas Cartas son: Romanos, Corintios (1 y 2), Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, Filemón, Tesalonicenses (1 y 2), Timoteo (1 y 2) y Tito. En su segunda Carta a los Corintios, San Pablo narra así lo que le sucedió en su apostolado: "Cinco veces recibí de los judíos 39 azotes cada vez. Tres veces fue apaleado con varas. Tres veces padecí naufragios. Un día y una noche los pasé entre la vida y la muerte en medio de las olas del mar. Muchas veces me vi en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los judíos, peligros de los paganos, peligros en la ciudad, peligros en el campo, peligros en el mar, peligros por parte de falsos hermanos; noches sin dormir, con hambre y sed, en frecuentes ayunos, con frío y sin abrigo. Además de estas y otras cosas, pesa sobre mí la preocupación por todas las Iglesias. ¿Quién se desanima, que no me haga desanimar?. ¿Quién tropieza sin que un fuego me devore? Pablo, fervoroso Apóstol, un favor te pedimos al recordarte en este año: suplícale a Dios que te imitemos en tu inmenso amor a Jesucristo y en tu deseo impresionante de salvar almas. Que cada uno de nosotros pueda repetir aquella famosa frase tuya: "Me desgasto y me desgastaré por el bien de las almas y por el Reino de Cristo Jesús".

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 TEXTOS SELECCIONADOS DE SAN PABLO

Pues no me avergüenzo del Evangelio, que es una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree” (Rom 1, 16)

“Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco” (Rom 8, 15)

“Los que viven según la carne, desean lo carnal; mas los que viven según el espíritu, lo espiritual” (Rom 8, 5)

“Estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros” (Rom 8, 18)

“Esperar lo que no vemos, es aguardar con paciencia” (Rom 8, 25)

“En todas las cosas intervine Dios para bien de los que le aman” (Rom 8, 28)

“Si Dios esta con nosotros ¿quien contra nosotros?” (Rom 8, 32)

“¿Qué diremos, pues? ¿Qué hay injusticia en Dios? ¡De ningún modo!”(Rom 9, 14)

¡Oh hombre! Pero ¿quién eres tú para pedir cuentas a Dios?”(Rom 9, 19)

“¿Cómo oirán sin que se les predique?” (Rom 10, 14)

“Oh abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios!¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!” (Rom 11, 33)

“No sigan la corriente del mundo en que vivimos, más bien transfórmense por la renovación de su mente. Así sabrán ver cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agradan” (Rom 12, 2)

“Sirvamos cada cual con nuestros diferentes dones” (Rom 12, 6)

“Vivan en armonía unos con otros” (Rom 12, 16)

“Revístanse de Cristo Jesús, el Señor” (Rom 13, 14)

“Estén siempre listos para hacer el bien y evitar el mal” (Rom 16, 19)

“No cuenta ni el que planta ni el que riega, sino Dios que hace crecer” (1 Cor 3, 7)

“Juntos trabajemos en la obra de Dios” (1 Cor 3, 9)

“¿No saben ustedes que son Templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? (1 Cor 3, 16)

“Celebremos, pues, la Pascua; no más levadura vieja, que es la maldad y la perversidad; tengamos pan sin levadura, o sea, la pureza y la sinceridad” (1 Cor 5, 8)

“Que nadie busque su propio  interés, sino el del prójimo” (1 Cor 10, 24)

“Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe”, (1 Cor 13, 1)

“¡Demos gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo! Por eso, queridos hermanos, permanezcan firmes e inconmovibles,  progresando constantemente en la obra del Señor, con  la certidumbre de que los esfuerzos que realizan por él no serán vanos”. (1 Cor 15, 57-58)

“Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios”. (2 Cor 1, 3-5)

“Pero nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios”. (2 Cor 4, 7)

“Déjense reconciliar con Dios” (2 Cor 5, 20)

“Sepan que el que siembra mezquinamente, tendrá una cosecha muy pobre; en cambio, el que siembra con generosidad, cosechará abundantemente”. (2 Cor 9, 6)

“El que se gloria, que se gloríe en el Señor” (2 Cor 10, 17)

“Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad”. (2 Cor 12, 9)

“Hermanos, alégrense, trabajen para alcanzar la perfección, anímense unos a otros, vivan en armonía y en paz. Y entonces, el Dios del amor y de la paz permanecerá con ustedes”. (2 Cor 13, 11)

“Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mi: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí”. (Gál 2, 20)

“Porque todos ustedes, por la fe, son hijos de Dios en Cristo Jesús, ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo. Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús. (Gál 3, 26-29)

“Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: ¡Abbá!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios.(Gál 4, 6-7)

“Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales: háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor. Porque toda la Ley está resumida plenamente en este precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si ustedes se están mordiendo y devorando mutuamente, tengan cuidado porque terminarán destruyéndose los unos a los otros.” (Gál 5, 13-15)

“El fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia” (Gál 5, 22)

“Si alguien se imagina ser algo, se engaña, porque en realidad no es nada.” (Gál 6, 3)

“No nos cansemos de hacer el bien, porque la cosecha llegará a su tiempo si no desfallecemos” (Gál 6, 9)

“Yo solo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo” (Gál 6, 14)

“Porque Cristo es nuestra paz” (Ef 2, 14)

“Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor. Traten de conservar la unidad del Espíritu, mediante el vínculo de la paz. Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida. Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo.  Hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos”. (Ef 4, 2-6)

“Viviendo en  la verdad y en el amor, crezcamos plenamente, unidos a Cristo. Él es la Cabeza, y de él, todo el Cuerpo recibe unidad y cohesión, gracias a los ligamentos que lo vivifican y a la actividad propia de cada uno de los miembros. Así el Cuerpo crece y se edifica en el amor” (Ef 4, 15-16)

“Por eso, renuncien a la mentira y digan siempre la verdad a su prójimo, ya que todos somos miembros, los unos de los otros. Si se enojan, no se dejen arrastrar al pecado ni permitan que la noche los sorprenda enojados, dando así ocasión al demonio”. (Ef 4, 25-27)

“Eviten la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Por el contrario, sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo”. (Ef 4, 31-32)

“Sepan discernir lo que agrada al Señor, y no participen de las obras estériles de las tinieblas; al contrario, pónganlas en evidencia”. (Ef 5, 10-11)

“Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno. Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios”. (Ef 6, 14-16)

“Porque para mi la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia” (Fil 1, 21)

“Tengan entre ustedes  los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Fil 2, 5)

“Olvidándome del camino recorrido, me lanzo hacia delante” (Fil 3, 13)

“Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense”. (Fil 4, 4)

“No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios”. (Fil 4, 6)

“El (Cristo) es también la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la Iglesia”. (Col 1, 18)

“Vivan en Cristo Jesús, el Señor, tal como ustedes lo han recibido, arraigados y edificados en él, apoyándose en la fe que les fue enseñada y dando gracias constantemente”. (Col 2, 6-7)

“Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios” (Col 3, 1)

“Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profundo compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo”. (Col 3, 12-13)

“La voluntad de Dios es que sean santos” (1 Tes 4, 3)

“No estén tristes como los otros, que no tienen esperanza”. (1 Tes 4, 13)

“Revistámonos con la coraza de la fe y del amor, y cubrámonos con el casco de la esperanza de la salvación”. (1 Tes 5, 8)

“Acerca de la Venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, les rogamos, hermanos, que no se dejen perturbar fácilmente ni se alarmen, sea por anuncios proféticos, o por palabras o cartas atribuidas a nosotros, que hacen creer que el Día del Señor ya ha llegado. Que nadie los engañe de ninguna manera”. (2 Tes 2, 1-3)

“El que no quiera trabajar, que no coma” (2 Tes 3, 10)

“No se cansen de hacer el bien, hermanos” (2 Tes 3, 13)

“¡Al Rey eterno y universal, al Dios incorruptible, invisible y único, honor y gloria por los siglos de los siglos!”. (1 Tim 1, 17)

“Porque la avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos”. (1 Tim 6, 10)

“Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad”. (2 Tim 1, 7)

“Acuérdate de Jesucristo, que resucitó de entre los muertos. Si hemos muerto con é1, viviremos con él”. (2 Tim 2, 8-11)

“Toda la Escritura esta inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y este preparado para hacer siempre el bien”. (2 Tim 3, 16-17)

“En cuanto a ti, debes enseñar todo lo que es conforme a la sana doctrina”. (Tito 2, 1)

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Santísima Trinidad

Se celebra en el 1er. domingo,

después de la venida del Espíritu Santo

Esta fiesta fue establecida en 1334 por el papa Juan XXII y quedó fijada para el domingo después de la venida del Espíritu Santo. El misterio central de nuestra fe, el misterio de la Santísima Trinidad, fuente de todos los dones y gracias; el misterio de la vida íntima de Dios. Toda la liturgia de la Misa de ese domingo nos invita a tratar con intimidad a cada una de las Tres Personas, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Cada vez que con fe y con devoción rezamos Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, estamos invocando la Santísima Trinidad, verdadero y único Dios.

La Trinidad constituye el misterio supremo de nuestra fe. Y misterio es una verdad de la que no podemos saberlo todo.

En el caso de la Santísima Trinidad, sabemos lo que Dios mismo a través de las Sagradas Escrituras y de Jesucristo, nos ha revelado.

Este misterio que no podemos comprender totalmente, sí podemos vivirlo, ya san Pablo, se despedía de las comunidades cristianas diciendo: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo, esté siempre con ustedes”.

El misterio de la Santísima Trinidad, estaba presente ya en tiempos de los apóstoles. Pero ¿vive fecundamente en nosotros? En el Evangelio de ese día, Jesús al despedirse de sus discípulos, los envía, les da la misión universal de hacer discípulos y bautizar “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

La misión fue cumplida por los discípulos y aún hoy lo está siendo por nosotros. Todos nosotros hemos sido bautizados “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, en el nombre de la Santísima Trinidad. Adoramos, entonces, a Dios uno y Trino como consecuencia de nuestra fe bautismal. De modo que al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos a tres personas distintas, de única naturaleza, iguales en su dignidad según se reza en el prefacio de la misa de ese domingo: “En verdad es justo,... darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Que con tu Único Hijo y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola Persona, sino tres Personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu Gloria, porque tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción”.

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Posturas durante la Misa (forma ordinaria)

y praxis tradicional del Rito romano

 
Durante la celebración de la Misa Romana promulgada por Pablo VI, «expresión ordinaria de la Lex orandi, de la Iglesia católica de rito latino» (Benedicto XVI, Motu Proprio Summorum Pontificum art. 1.), «se tendrá que prestar atención a aquellas cosas que se establecen por esta Instrucción general y por la praxis tradicional del Rito romano, y a aquellas que contribuyan al bien común espiritual del pueblo de Dios, más que al deseo o a las inclinaciones privadas» (Institutio generalis Missalis Romani, 42).

Gestos y posturas corporales de los fieles durante la Misa (forma ordinaria) -
Pasos en la dirección de la hermenéutica de la continuidad

1º Pueden estar de rodillas (praxis tradicional del Rito romano)
Desde el principio del canto de entrada hasta cuando el sacerdote se dirige al altar.
2º Están de pie
Desde cuando el sacerdote se dirige al altar, hasta la colecta inclusive.
3º Están sentados
Mientras se proclaman las lecturas antes del Evangelio y el salmo responsorial.
4º Están de pie
Al canto del Aleluya antes del Evangelio y durante la proclamación del Evangelio.
5º Están sentados
Durante la homilía.
6º Están de pie (*)
Mientras se hace la profesión de fe. Sin embargo, a las palabras: y por la obra del Espíritu Santo, etc., o que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, todos se inclinan profundamente; y en la solemnidades de la Anunciación y de Navidad del Señor, se arrodillan. (Praxis tradicional del Rito romano: siempre de rodillas a las palabras y por la obra del Espíritu Santo, etc.), y mientras se hace la oración universal.
7º Están sentados
Durante la homilía y mientras se hace la preparación de los dones para el ofertorio.
8º Están de pie
Desde la invitación Orad, hermanos, antes de la oración sobre las ofrendas, hasta cuando termina la aclamación del “Santo”.
9º Pueden estar de rodillas (praxis tradicional del Rito romano)
Desde cuando termina la aclamación del “Santo” hasta el final de la Plegaria Eucarística. Sin embargo, los fieles estarán siempre de rodillas durante la consagración.
10º Están de pie
Desde el final de la Plegaria Eucarística, hasta antes de la Comunión cuando el sacerdote dice “Éste es el Cordero de Dios”.
11º Pueden estar de rodillas (praxis tradicional del Rito romano)
Desde antes de la Comunión cuando el sacerdote dice “Éste es el Cordero de Dios” hasta el sagrado silencio después de la Comunión.
12º Están de pie (*)
Desde después del sagrado silencio después de la Comunión hasta el final de la Misa. Sin embargo, los fieles se inclinan para recibir la bendición solemne. (Praxis tradicional del Rito romano: siempre de rodillas a la bendición).
 
INSTRUCCIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO: Institutio generalis Missalis Romani, 42-43, 137, 185, 274-275 (Editio tertia, 2002)

Gestos y posturas corporales (MR 42-44)
«42. Los gestos y posturas corporales, tanto del sacerdote, del diácono y de los ministros, como del pueblo, deben tender a que toda la celebración resplandezca por el noble decoro y por la sencillez, a que se comprenda el significado verdadero y pleno de cada una se sus diversas partes y a que se favorezca la participación de todos [52]. Así, pues, se tendrá que prestar atención a aquellas cosas que se establecen por esta Instrucción general y por la praxis tradicional del Rito romano, y a aquellas que contribuyan al bien común espiritual del pueblo de Dios, más que al deseo o a las inclinaciones privadas.
La uniformidad de las posturas, que debe ser observada por todos participantes, es signo de la unidad de los miembros de la comunidad cristiana congregados para la sagrada Liturgia: expresa y promueve, en efecto, la intención y los sentimientos de los participantes.
43. Los fieles están de pie desde el principio del canto de entrada, o bien, desde cuando el sacerdote se dirige al altar, hasta la colecta inclusive; al canto del Aleluya antes del Evangelio; durante la proclamación del Evangelio; mientras se hacen la profesión de fe y la oración universal; además desde la invitación Orad, hermanos, antes de la oración sobre las ofrendas, hasta el final de la Misa, excepto lo que se dice más abajo.
En cambio, estarán sentados mientras se proclaman las lecturas antes del Evangelio y el salmo responsorial; durante la homilía y mientras se hace la preparación de los dones para el ofertorio; también, según las circunstancias, mientras se guarda el sagrado silencio después de la Comunión.
Por otra parte, estarán de rodillas, a no ser por causa de salud, por la estrechez del lugar, por el gran número de asistentes o que otras causas razonables lo impidan, durante la consagración. Pero los que no se arrodillen para la consagración, que hagan inclinación profunda mientras el sacerdote hace la genuflexión después de la consagración.
Sin embargo, pertenece a la Conferencia Episcopal adaptar los gestos y las posturas descritos en el Ordinario de la Misa a la índole y a las tradiciones razonables de los pueblos, según la norma del derecho [53]. Pero préstese atención a que respondan al sentido y la índole de cada una de las partes de la celebración. Donde existe la costumbre de que el pueblo permanezca de rodillas desde cuando termina la aclamación del “Santo” hasta el final de la Plegaria Eucarística y antes de la Comunión cuando el sacerdote dice “Éste es el Cordero de Dios”, es laudable que se conserve».
Liturgia de la palabra (MR 137)
«137. El Símbolo se canta o se dice por el sacerdote juntamente con el pueblo (cfr. n 68) estando todos de pie. A las palabras: y por la obra del Espíritu Santo, etc., o que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, todos se inclinan profundamente; y en la solemnidades de la Anunciación y de Navidad del Señor, se arrodillan».
Rito de conclusión (MR 185)
«185. Si se emplea la oración sobre el pueblo o la fórmula de bendición solemne, el diácono dice: Inclinaos para recibir la bendición. Una vez que el sacerdote haya impartido la bendición, el diácono despide al pueblo, vuelto hacia él, diciendo con las manos juntas: Podéis ir en paz».
Genuflexión e inclinación (MR 274-275)
«274. La genuflexión, que se hace doblando la rodilla derecha hasta la tierra, significa adoración; y por eso se reserva para el Santísimo Sacramento, así como para la santa Cruz desde la solemne adoración en la acción litúrgica del Viernes Santo en la Pasión del Señor hasta el inicio de la Vigilia Pascual.
En la Misa el sacerdote que celebra hace tres genuflexiones, esto es: después de la elevación de la Hostia, después de la elevación del cáliz y antes de la Comunión. Las peculiaridades que deben observarse en la Misa concelebrada, se señalan en sus lugares (cfr. núms. 210-251).
Pero si el tabernáculo con el Santísimo Sacramento está en el presbiterio, el sacerdote, el diácono y los otros ministros hacen genuflexión cuando llegan al altar y cuando se retiran de él, pero no durante la celebración misma de la Misa.
De lo contrario, todos los que pasan delante del Santísimo Sacramento hacen genuflexión, a no ser que avancen procesionalmente.
Los ministros que llevan la cruz procesional o los cirios, en vez de la genuflexión, hacen inclinación de cabeza.
275. Con la inclinación se significa la reverencia y el honor que se tributa a las personas mismas o a sus signos. Hay dos clases de inclinaciones, es a saber, de cabeza y de cuerpo:
a) La inclinación de cabeza se hace cuando se nombran al mismo tiempo las tres Divinas Personas, y al nombre de Jesús, de la bienaventurada Virgen María y del Santo en cuyo honor se celebra la Misa.
b) La inclinación de cuerpo, o inclinación profunda, se hace: al altar, en las oraciones Purifica mi corazón y Acepta, Señor, nuestro corazón contrito; en el Símbolo, a las palabras y por obra del Espíritu Santo o que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; en el Canon Romano, a las palabras Te pedimos humildemente. El diácono hace la misma inclinación cuando pide la bendición antes de la proclamación el Evangelio. El sacerdote, además, se inclina un poco cuando, en la consagración, pronuncia las palabras del Señor».
 
Notas
[52]
Cfr. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, núms. 30. 34; cfr. también allí el núm. 21.

[53] Cfr. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia, Sacrosanctum Concilium, núm. 40; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Varietates legitimae, día 25 de enero de 1994, núm. 41: A.A.S. 87 (1995) pág. 304.

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Los Diez Mandamientos:

               A la luz de las tres vertientes; I - el Éxodo (salida o emigración de los israelitas de Egipto), II - Deuteronomio (segunda ley o repetición de la recibida en el Sinaí) y III - como la Iglesia Cristiana los presenta al hombre en su Tradición y Catequesis.

I-Éxodo 20, 2 - 17

II -Deuteronomio 5, 6 - 21

III

Yo soy el Señor tu Dios que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre.

Yo soy el señor, tu Dios, que te ha sacado de Egipto, de la servidumbre.

 

No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna, ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, y tengo misericordia por millares con los que me aman y guardan mis mandamientos.

No habrá para ti otros dioses delante de mí...

Amarás a Dios sobre todas las cosas.

No tomarás en falso el nombre del Señor, tu Dios, porque el Señor no dejará sin castigo a quien toma su nombre en falso.

No tomarás en falso el nombre del Señor tu Dios...

No tomarás el nombre de Dios en vano.

Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el séptimo día es día de descanso para el Señor, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad. Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contiene, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado.

Guardarás el día del sábado para santificarlo.

Santificarás las fiestas.

Honra a tu padre y a tu madre para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.

Honra a tu padre y a tu madre.

Honrarás a tu padre y a tu madre.

No matarás.

No matarás.

No matarás.

No cometerás adulterio.

No cometerás adulterio.

No cometerás actos impuros.

No robarás.

No robarás.

No robarás.

No darás falso testimonio contra tu prójimo.

No darás testimonio falso contra tu prójimo.

No dirás falso trestimonio ni mentirás.

No codiciarás la casa de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo.

 

No desearás la mujer de tu prójimo.

No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

No codiciarás... nada que sea de tu prójimo.

No codiciarás los bienes ajenos.

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El Valor de las Pequeñas Cosas

Aprende a escuchar el valor de las pequeñas cosas, de los acontecimientos.
Verás que todo habla, todo se comunica contigo.
Con cada falta de delicadeza, hiero un poco a aquellos que me aman.
Con cada desatención, no soy ni educado ni cristiano.
Con cada mirada de desprecio, alguien resulta golpeado.
Con cada gesto de impaciencia, doy una bofetada invisible a los que viven a mi lado.
Con cada perdón que niego, va un pedazo de mi egoísmo.
Con cada resentimiento que esbozo, revelo algo de mi amor propio herido.
Con cada palabra áspera que digo, pierdo algunos puntos para el cielo.
Con cada omisión que practico, rasgo una hoja del evangelio.
Con cada limosna que niego, alejo más triste a un pobre.
Con cada juicio malicioso, aflora mi lado mezquino.
Con cada oración que no hago, pierdo un mundo de gracia.
Con cada burla que hago, peco contra el silencio.
Con cada llanto que enjuago, hago más feliz a mi hermano.
Con cada acto de fe, canto un himno a la vida.
Con cada sonrisa que desparramo, planto una esperanza.
Con cada espina que clavo, lastimo el corazón de un semejante.
Con cada espina que arranco, alguien besará mi mano.

"Si en cada paso que voy a dar, me detengo y me pregunto, ¿Jesús, lo haría?, mis tropiezos serían mínimos"

Preparada por: Eva y Kno

Última Actualización: Thursday, 29 July 2010 02:25:17 AM

mfdjdmaypr@hotmail.com