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SAN PABLO
Año de San
Pablo del 28 junio 2008 - 29 julio 2009

El Año Paulino
debe ayudarnos para redescubrir la figura del Apóstol,
releer sus numerosas cartas dirigidas a las
primeras comunidades cristianas, revivir los primeros tiempos de
nuestra iglesia, profundizar en sus ricas enseñanzas
a los "gentiles", meditando en su vigorosa espiritualidad de fe,
esperanza y caridad, revitalizar nuestra fe y nuestro
papel en la iglesia de hoy a la luz de sus enseñanzas,
rezar y trabajar por la unidad de todos los cristianos en
una Iglesia unida.
El apóstol Pablo
es un ejemplo de primer plano, de quien todos
tenemos todavía tanto que aprender y este es el
objetivo del Año Paulino: aprender de San Pablo la fe, aprender
de él quien es Cristo, aprender, en último término, el camino
para una vida recta. Ojalá que estos
datos de su vida y los
textos,
seleccionados, puedan servir de
ayuda.
DATOS
DE LA VIDA DE SAN PABLO
NACIMIENTO:
Las noticias
acerca de la vida de este gran apóstol están contenidas en "Los
Hechos de los Apóstoles" y en las cartas del santo. Son
verdaderamente interesantes. Nació en la ciudad de Tarso, en el
Asia Menor, quizás unos diez años después del nacimiento de
Jesucristo. Su primer nombre era Saulo. Era de familia de judíos,
de la tribu de Benjamín y de la secta de los fariseos. Fue
educado en toda la rigidez de las doctrinas de los fariseos, y
aprendió muy bien el idioma griego que era el que en ese
entonces hablaban las gentes cultas de Europa. Esto le será
después sumamente útil en su predicación.
INQUIETUDES:
En Hechos de los
Apóstoles 22,3, San Pablo indica: "Yo soy judío. Nací en Tarso
de Sicilia, pero me crié aquí en Jerusalén y estudié bajo la
dirección de Gamaliel, muy de acuerdo con la ley de nuestros
antepasados". Durante la vida pública de Jesús no estuvo Saulo
en Palestina, por eso no lo conoció personalmente. Después de la
muerte de Jesús, volvió nuestro hombre a Jerusalén y se encontró
con que los seguidores de Jesús se habían extendido mucho y
emprendió con muchos otros judíos una feroz persecución contra
los cristianos. Al primero que mataron fue al diácono San
Esteban y mientras los demás lo apedreaban, Saulo les cuidaba
sus vestidos, demostrando así que estaba de acuerdo con este
asesinato. Pero Esteban murió rezando por sus perseguidores y
obtuvo pronto la conversión de este terrible enemigo.
CONVERSIÓN:
Saulo salió para
Damasco con órdenes de los jefes de los sacerdotes judíos para
apresar y llevar a Jerusalén a los seguidores de Jesús. Pero por
el camino una luz deslumbrante lo derribó del caballo y oyó una
voz que le decía: “Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?”. Él
preguntó: "¿Quién eres tú?- y la voz le respondió: "Yo soy Jesús
el que tú persigues". Pablo añadió: “¿Señor, que quieres que yo
haga?” y Jesús le ordenó que fuera a Damasco y que allá le
indicaría lo que tenía que hacer. Desde ese momento quedo ciego
y así estuvo por tres días. Y allá en Damasco un discípulo de
Jesús lo instruyó y lo bautizó, y entonces volvió a recobrar la
vista. Desde ese momento dejó de ser fariseo y empezó a ser
apóstol cristiano.
Después se fue a
Arabia y allá estuvo tres años meditando, rezando e
instruyéndose en la doctrina del cristianismo.
Vuelto a Damasco
empezó a enseñar en las Sinagogas que Jesucristo es el Redentor
del mundo. Entonces los judíos dispusieron asesinarlo y tuvieron
los discípulos que descolgarlo por la noche en un canasto por
las murallas de la ciudad. Muchas veces tendrá que salir huyendo
de diversos sitios, pero nadie logrará que deje de hablar a
favor de Cristo Jesús y de su doctrina.
VIAJES DE SAN
PABLO:
San Pablo hizo
cuatro grandes viajes que se han hecho famosos.
El
primero:
(46 - 49) Pablo, Bernabé y Juan Marcos: Chipre, Antioquía de
Pisidia, (Juan Marcos regresa a Jerusalén) Iconio. En ese viaje
cambio su nombre de Saulo por el de Pablo, en honor de su primer
gran convertido, el gobernador de Chipre, que se llamaba Sergio
Pablo.
El segundo viaje
lo hizo de los años 49 al 52. En este recorrido ya es menos
impulsivo que en el viaje anterior y encuentra menos reacciones
violentas, pero estas no faltan y bastante graves. Visita las
comunidades o iglesias que fundó en el primer viaje y se propone
seguir misionando por el Asia Menor pero un mensaje del cielo se
lo impide y le manda que pase a Europa a misionar. Se encuentra
con dos valiosos colaboradores: el evangelista San Lucas (a
quien llama "médico amadísimo") y Timoteo, que
será
su más fiel secretario y servidor, y a quien escribirá después
dos cartas que se han hecho famosas.
La primera ciudad
europea que visitó fue Filipos (en sueños
oyó
que un habitante de Filipos le suplicaba: "Ven a ayudarnos").
Allí le sacó el demonio a una muchacha que hacía adivinaciones y
al acabárseles el negocio de los que cobraban por cada
adivinación, estos arremetieron contra Pablo y su compañero
Silas y les hicieron dar una feroz paliza. Pero en la cárcel a
donde los llevaron, lograron convertir y bautizar al carcelero y
a toda su familia. Pablo guardó siempre un gran cariño hacia los
habitantes de Filipos y a ellos dirigió después una de sus más
afectuosas cartas, la Epístola a los Filipenses.
Después paso a la
ciudad de Atenas, que era la más famosa en cuanto a cultura y
filosofía. Allá predicó un sermón en el Aerópago, y aunque
muchos se rieron porque hablaba de que Cristo había resucitado,
sin embargo logró convertir a Dionisio el aeropagita, a Damaris
y a varias personas más.
Enseguida pasó a
Corinto, que era un puerto de gran movimiento de gentes. Allí
estuvo predicando durante un año y seis meses y logró convertir
gran cantidad de gentes. Más tarde dirigirá a sus habitantes sus
dos célebres cartas a los Corintios. De allí salió a hacer su
cuarta visita a Jerusalén.
Su tercer viaje
lo hizo del año 53 al 56. En este viaje lo más notorio fue que
en la ciudad de Efeso en la cual estuvo por bastantes meses,
Pablo logró que muchas personas empezaran a darse cuenta de que
la diosa Diana que ellos adoraban era un simple ídolo, y dejaron
de rendirle culto. Entonces los fabricantes de estatuillas de
Diana al ver que se arruinaba el negocio, promovieron un gran
tumulto en contra del Apóstol.
De Efeso partió
Pablo hacia Jerusalén, en su cuarto viaje a llevar a los
cristianos pobres de esa ciudad el producto de una colecta que
había promovido entre las ciudades que había evangelizado. Por
todas partes se iba despidiendo, anunciando a sus discípulos que
el Espíritu Santo le comunicaba que en Jerusalén le iban a
suceder hechos graves, y que por eso probablemente no lo
volverían a ver. Esto causaba profunda emoción y lágrimas en sus
seguidores que tanto lo estimaban.
En su cuarto
viaie
a Jerusalén del 61 al 63, los judíos promovieron contra él
un espantoso tumulto y estuvieron a punto de lincharlo. A
duras penas lograron los soldados del ejército romano
sacarlo con vida de entre la multitud enfurecida. Entonces
cuarenta judíos juraron que no comerían ni beberían mientras
no lograran matar a Pablo. Al saber la hermana de él esta
grave noticia, mandó un sobrino a que se la contara.
Entonces Pablo avisó al comandante del ejército, y de noche,
en medio de un batallón de caballería y otro de infantería,
lo sacaron de Jerusalén y lo llevaron a Cesarea. Allá estuvo
preso por dos años, pero permitían que sus discípulos fueran
a visitarlo. Al darse cuenta Pablo de que los judíos pedían
que lo llevaran a Jerusalén para juzgarlo (para poder
matarlo por el camino), pidió ser juzgado en Roma, y el
gobernante acepto su petición. Y en un barco comercial fue
enviado, custodiado por 40 soldados.
Y sucedió
que en la travesía estalló una espantosa tormenta y el barco se
hundió. Pero Jesucristo le anunció a Pablo que por el amor que
le tenía a su muy estimado Apóstol no permitiría que ninguno de
los viajeros del barco se ahogase. Y así sucedió. Lograron
llegar a la Isla de Greta y allí salvaron sus vidas del
naufragio. Al fin llegaron a Roma, donde esperaban a Pablo con
gran entusiasmo los cristianos. En esa ciudad capital estuvo por
dos años preso (casa por cárcel) con un centinela en la puerta.
Y los cristianos y los judíos iban frecuentemente a charlar con
él, y aprovechaba toda ocasión que se le presentara para hablar
de Cristo y conseguirle más y más seguidores.
Cuando estalló la
persecución de Nerón (a. 67), éste mandó matar al gran Apóstol,
cortándole la cabeza. Dicen que sucedió el martirio en el sitio
llamado Las Tres Fontanas.
SUS 13 CART AS:
San Pablo se ha
hecho famoso por sus 13 cartas en las cuales enseña verdades
valiosísimas para la vivencia de nuestra fe. Esas Cartas son:
Romanos, Corintios (1 y 2), Gálatas, Efesios, Filipenses,
Colosenses, Filemón, Tesalonicenses (1 y 2), Timoteo (1 y 2) y
Tito. En su segunda Carta a los Corintios, San Pablo narra así
lo que le sucedió en su apostolado: "Cinco veces recibí de los
judíos 39 azotes cada vez. Tres veces fue apaleado con varas.
Tres veces padecí naufragios. Un día y una noche los pasé entre
la vida y la muerte en medio de las olas del mar. Muchas veces
me vi en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los
judíos, peligros de los paganos, peligros en la ciudad, peligros
en el campo, peligros en el mar, peligros por parte de falsos
hermanos; noches sin dormir, con hambre y sed, en frecuentes
ayunos, con frío y sin abrigo. Además de estas y otras cosas,
pesa sobre mí la preocupación por todas las Iglesias. ¿Quién se
desanima, que no me haga desanimar?. ¿Quién tropieza sin que un
fuego me devore? Pablo, fervoroso Apóstol, un favor te pedimos
al recordarte en este año: suplícale a Dios que te imitemos en
tu inmenso amor a Jesucristo y en tu deseo impresionante de
salvar almas.
Que cada uno de
nosotros pueda repetir aquella famosa frase tuya: "Me desgasto y
me desgastaré por el bien de las almas y por el Reino de Cristo
Jesús".
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TEXTOS SELECCIONADOS
DE SAN PABLO
“Pues no me avergüenzo del Evangelio, que es una fuerza de
Dios para la salvación de todo el que cree” (Rom 1, 16)
“Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que
quiero, sino que hago lo que aborrezco” (Rom 8, 15)
“Los que viven según la carne, desean lo carnal; mas los que
viven según el espíritu, lo espiritual” (Rom 8, 5)
“Estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son
comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros” (Rom
8, 18)
“Esperar lo que no vemos, es aguardar con paciencia” (Rom 8, 25)
“En todas las cosas intervine Dios para bien de los que le aman”
(Rom 8, 28)
“Si Dios esta con nosotros ¿quien contra nosotros?” (Rom 8, 32)
“¿Qué diremos, pues? ¿Qué hay injusticia en Dios? ¡De ningún
modo!”(Rom 9, 14)
¡Oh hombre! Pero ¿quién eres tú para pedir cuentas a Dios?”(Rom
9, 19)
“¿Cómo oirán sin que se les predique?” (Rom 10, 14)
“Oh abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de
Dios!¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus
caminos!” (Rom 11, 33)
“No sigan la corriente del mundo en que vivimos, más bien
transfórmense por la renovación de su mente. Así sabrán ver cuál
es la voluntad de Dios, lo que es bueno, lo que le agradan” (Rom
12, 2)
“Sirvamos cada cual con nuestros diferentes dones” (Rom 12, 6)
“Vivan en armonía unos con otros” (Rom 12, 16)
“Revístanse de Cristo Jesús, el Señor” (Rom 13, 14)
“Estén siempre listos para hacer el bien y evitar el mal” (Rom
16, 19)
“No cuenta ni el que planta ni el que riega, sino Dios que hace
crecer” (1 Cor 3, 7)
“Juntos trabajemos en la obra de Dios” (1 Cor 3, 9)
“¿No saben ustedes que son Templo de Dios, y que el Espíritu de
Dios habita en ustedes? (1 Cor 3, 16)
“Celebremos, pues, la Pascua; no más levadura vieja, que es la
maldad y la perversidad; tengamos pan sin levadura, o sea, la
pureza y la sinceridad” (1 Cor 5, 8)
“Que nadie busque su propio interés, sino el del prójimo” (1
Cor 10, 24)
“Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los
ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un
platillo que retiñe”, (1 Cor 13, 1)
“¡Demos gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro
Señor Jesucristo! Por eso, queridos hermanos, permanezcan firmes
e inconmovibles, progresando constantemente en la obra del
Señor, con la certidumbre de que los esfuerzos que realizan por
él no serán vanos”. (1 Cor 15, 57-58)
“Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre
de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos reconforta
en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a
los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios”. (2 Cor
1, 3-5)
“Pero nosotros llevamos ese tesoro en recipientes de barro, para
que se vea bien que este poder extraordinario no procede de
nosotros, sino de Dios”. (2 Cor 4, 7)
“Déjense reconciliar con Dios” (2 Cor 5, 20)
“Sepan que el que siembra mezquinamente, tendrá una cosecha muy
pobre; en cambio, el que siembra con generosidad, cosechará
abundantemente”. (2 Cor 9, 6)
“El que se gloria, que se gloríe en el Señor” (2 Cor 10, 17)
“Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad”.
(2 Cor 12, 9)
“Hermanos, alégrense, trabajen para alcanzar la perfección,
anímense unos a otros, vivan en armonía y en paz. Y entonces, el
Dios del amor y de la paz permanecerá con ustedes”. (2 Cor 13,
11)
“Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que
Cristo vive en mi: la vida que sigo viviendo en la carne, la
vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por
mí”. (Gál 2, 20)
“Porque todos ustedes, por la fe, son hijos de Dios en Cristo
Jesús, ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo,
han sido revestidos de Cristo. Por lo tanto, ya no hay judío ni
pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos
ustedes no son más que uno en Cristo Jesús. (Gál 3, 26-29)
“Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios envió a
nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios
llamándolo: ¡Abbá!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más
esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de
Dios.(Gál 4, 6-7)
“Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad,
pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para
satisfacer los deseos carnales: háganse más bien servidores los
unos de los otros, por medio del amor. Porque toda la Ley está
resumida plenamente en este precepto: Amarás a tu prójimo como a
ti mismo. Pero si ustedes se están mordiendo y devorando
mutuamente, tengan cuidado porque terminarán destruyéndose los
unos a los otros.” (Gál 5, 13-15)
“El fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad,
afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia” (Gál
5, 22)
“Si alguien se imagina ser algo, se engaña, porque en realidad
no es nada.” (Gál 6, 3)
“No nos cansemos de hacer el bien, porque la cosecha llegará a
su tiempo si no desfallecemos” (Gál 6, 9)
“Yo solo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por
quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para
el mundo” (Gál 6, 14)
“Porque Cristo es nuestra paz” (Ef 2, 14)
“Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense
mutuamente por amor. Traten de conservar la unidad del Espíritu,
mediante el vínculo de la paz. Hay un solo Cuerpo y un solo
Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han
sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida. Hay un solo
Señor, una sola fe, un solo bautismo. Hay un solo Dios y Padre
de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en
todos”. (Ef 4, 2-6)
“Viviendo en la verdad y en el amor, crezcamos plenamente,
unidos a Cristo. Él es la Cabeza, y de él, todo el Cuerpo recibe
unidad y cohesión, gracias a los ligamentos que lo vivifican y a
la actividad propia de cada uno de los miembros. Así el Cuerpo
crece y se edifica en el amor” (Ef 4, 15-16)
“Por eso, renuncien a la mentira y digan siempre la verdad a su
prójimo, ya que todos somos miembros, los unos de los otros. Si
se enojan, no se dejen arrastrar al pecado ni permitan que la
noche los sorprenda enojados, dando así ocasión al demonio”. (Ef
4, 25-27)
“Eviten la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los
insultos y toda clase de maldad. Por el contrario, sean
mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los
otros como Dios los ha perdonado en Cristo”. (Ef 4, 31-32)
“Sepan discernir lo que agrada al Señor, y no participen de las
obras estériles de las tinieblas; al contrario, pónganlas en
evidencia”. (Ef 5, 10-11)
“Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y
vistiendo la justicia como coraza. Calcen sus pies con el celo
para propagar la Buena Noticia de la paz. Tengan siempre en la
mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las
flechas encendidas del Maligno. Tomen el casco de la salvación,
y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios”. (Ef 6,
14-16)
“Porque para mi la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia” (Fil
1, 21)
“Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús”
(Fil 2, 5)
“Olvidándome del camino recorrido, me lanzo hacia delante” (Fil
3, 13)
“Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense”. (Fil
4, 4)
“No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia,
recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de
gracias, para presentar sus peticiones a Dios”. (Fil 4, 6)
“El (Cristo) es también la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la
Iglesia”. (Col 1, 18)
“Vivan en Cristo Jesús, el Señor, tal como ustedes lo han
recibido, arraigados y edificados en él, apoyándose en la fe que
les fue enseñada y dando gracias constantemente”. (Col 2, 6-7)
“Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes
del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios” (Col
3, 1)
“Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de
sentimientos de profundo compasión. Practiquen la benevolencia,
la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los
otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo
de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes
lo mismo”. (Col 3, 12-13)
“La voluntad de Dios es que sean santos” (1 Tes 4, 3)
“No estén tristes como los otros, que no tienen esperanza”. (1
Tes 4, 13)
“Revistámonos con la coraza de la fe y del amor, y cubrámonos
con el casco de la esperanza de la salvación”. (1 Tes 5, 8)
“Acerca de la Venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra
reunión con él, les rogamos, hermanos, que no se dejen perturbar
fácilmente ni se alarmen, sea por anuncios proféticos, o por
palabras o cartas atribuidas a nosotros, que hacen creer que el
Día del Señor ya ha llegado. Que nadie los engañe de ninguna
manera”. (2 Tes 2, 1-3)
“El que no quiera trabajar, que no coma” (2 Tes 3, 10)
“No se cansen de hacer el bien, hermanos” (2 Tes 3, 13)
“¡Al Rey eterno y universal, al Dios incorruptible, invisible y
único, honor y gloria por los siglos de los siglos!”. (1 Tim 1,
17)
“Porque la avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse
llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron
innumerables sufrimientos”. (1 Tim 6, 10)
“Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de
temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad”. (2 Tim 1, 7)
“Acuérdate de Jesucristo, que resucitó de entre los muertos. Si
hemos muerto con é1, viviremos con él”. (2 Tim 2, 8-11)
“Toda la Escritura esta inspirada por Dios, y es útil para
enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la
justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y este
preparado para hacer siempre el bien”. (2 Tim 3, 16-17)
“En cuanto a ti, debes enseñar todo lo que es conforme a la sana
doctrina”. (Tito 2, 1)
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Santísima Trinidad

Se celebra
en el 1er. domingo,
después de la
venida del Espíritu Santo
Esta fiesta fue
establecida en 1334 por el papa Juan XXII y quedó fijada para el
domingo después de la venida del Espíritu Santo. El misterio
central de nuestra fe, el misterio de la Santísima Trinidad,
fuente de todos los dones y gracias; el misterio de la vida
íntima de Dios. Toda la liturgia de la Misa de ese domingo nos
invita a tratar con intimidad a cada una de las Tres Personas,
al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Cada vez que con fe y con
devoción rezamos Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
estamos invocando la Santísima Trinidad, verdadero y único Dios.
La Trinidad constituye
el misterio supremo de nuestra fe. Y misterio es una verdad de
la que no podemos saberlo todo.
En el caso de la
Santísima Trinidad, sabemos lo que Dios mismo a través de las
Sagradas Escrituras y de Jesucristo, nos ha revelado.
Este misterio que no
podemos comprender totalmente, sí podemos vivirlo, ya san Pablo,
se despedía de las comunidades cristianas diciendo: “La gracia
de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del
Espíritu Santo, esté siempre con ustedes”.
El misterio de la
Santísima Trinidad, estaba presente ya en tiempos de los
apóstoles. Pero ¿vive fecundamente en nosotros? En el Evangelio
de ese día, Jesús al despedirse de sus discípulos, los envía,
les da la misión universal de hacer discípulos y bautizar “en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
La misión fue cumplida
por los discípulos y aún hoy lo está siendo por nosotros. Todos
nosotros hemos sido bautizados “en el nombre del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo”, en el nombre de la Santísima
Trinidad. Adoramos, entonces, a Dios uno y Trino como
consecuencia de nuestra fe bautismal. De modo que al proclamar
nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos a tres
personas distintas, de única naturaleza, iguales en su dignidad
según se reza en el prefacio de la misa de ese domingo:
“En verdad es justo,... darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Que con tu Único
Hijo y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, un solo Señor; no
una sola Persona, sino tres Personas en una sola naturaleza. Y
lo que creemos de tu Gloria, porque tú lo revelaste, lo
afirmamos también de tu Hijo y también del Espíritu Santo, sin
diferencia ni distinción”.
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Durante la celebración de la
Misa Romana
promulgada por Pablo VI, «expresión ordinaria de la
Lex orandi, de la Iglesia católica de rito
latino» (Benedicto XVI, Motu Proprio Summorum
Pontificum art. 1.), «se tendrá que
prestar atención a aquellas cosas que se establecen
por esta Instrucción general y por
la praxis tradicional del Rito romano, y a
aquellas que contribuyan al bien común espiritual
del pueblo de Dios, más que al deseo o a las
inclinaciones privadas» (Institutio generalis
Missalis Romani, 42).
Gestos y posturas corporales de los fieles durante
la Misa (forma ordinaria) -
Pasos en la dirección de la hermenéutica de la
continuidad
1º Pueden estar de rodillas
(praxis tradicional del
Rito romano)
Desde el
principio del canto de entrada hasta cuando el
sacerdote se dirige al altar.
2º Están de pie
Desde cuando el sacerdote se dirige al
altar, hasta la colecta inclusive.
3º Están sentados
Mientras se proclaman las lecturas antes
del Evangelio y el salmo responsorial.
4º Están de pie
Al canto del Aleluya antes del
Evangelio y durante la proclamación del Evangelio.
5º Están sentados
Durante la homilía.
6º Están de pie
(*)
Mientras se hace la profesión de fe. Sin
embargo, a las palabras: y por la obra del
Espíritu Santo, etc., o que fue concebido
por obra y gracia del Espíritu Santo, todos se
inclinan profundamente; y en la solemnidades de la
Anunciación y de Navidad del Señor, se arrodillan. (Praxis
tradicional del Rito romano: siempre de
rodillas a las palabras y por la obra del
Espíritu Santo, etc.), y mientras se hace la
oración universal.
7º Están sentados
Durante la homilía y mientras se hace la
preparación de los dones para el ofertorio.
8º Están de pie
Desde la invitación Orad, hermanos,
antes de la oración sobre las ofrendas, hasta cuando
termina la aclamación del “Santo”.
9º Pueden estar de rodillas
(praxis tradicional del
Rito romano)
Desde cuando termina la aclamación del
“Santo” hasta el final de la Plegaria Eucarística.
Sin embargo, los fieles estarán siempre de rodillas
durante la consagración.
10º Están de pie
Desde el final de la Plegaria Eucarística,
hasta antes de la Comunión cuando el sacerdote dice
“Éste es el Cordero de Dios”.
11º Pueden estar de rodillas
(praxis tradicional del
Rito romano)
Desde antes de la Comunión cuando el
sacerdote dice “Éste es el Cordero de Dios” hasta el
sagrado silencio después de la Comunión.
12º Están de pie
(*)
Desde después del sagrado silencio después
de la Comunión hasta el final de la Misa. Sin
embargo, los fieles se inclinan para recibir la
bendición solemne. (Praxis
tradicional del Rito romano: siempre de
rodillas a la bendición).
INSTRUCCIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO:
Institutio generalis Missalis Romani,
42-43, 137, 185, 274-275 (Editio tertia, 2002)
Gestos y posturas corporales (MR
42-44)
«42.
Los gestos y posturas corporales, tanto del
sacerdote, del diácono y de los ministros, como del
pueblo, deben tender a que toda la celebración
resplandezca por el noble decoro y por la sencillez,
a que se comprenda el significado verdadero y pleno
de cada una se sus diversas partes y a que se
favorezca la participación de todos [52].
Así, pues,
se tendrá que prestar atención a aquellas
cosas que se establecen
por esta
Instrucción general y por la
praxis tradicional del Rito romano,
y a aquellas que contribuyan al bien común
espiritual del pueblo de Dios, más que al deseo o a
las inclinaciones privadas.
La uniformidad de las posturas, que debe ser
observada por todos participantes, es signo de la
unidad de los miembros de la comunidad cristiana
congregados para la sagrada Liturgia: expresa y
promueve, en efecto, la intención y los sentimientos
de los participantes.
43.
Los fieles están de pie
desde el principio del canto de entrada,
o bien, desde cuando el
sacerdote se dirige al altar, hasta
la colecta inclusive; al canto del Aleluya
antes del Evangelio; durante la proclamación del
Evangelio; mientras se hacen la profesión de fe y la
oración universal; además desde la invitación
Orad, hermanos, antes de la oración sobre las
ofrendas, hasta el final de la Misa, excepto lo que
se dice más abajo.
En cambio,
estarán sentados mientras se
proclaman las lecturas antes del Evangelio y el
salmo responsorial; durante la homilía y mientras se
hace la preparación de los dones para el ofertorio;
también, según
las circunstancias, mientras se
guarda el sagrado silencio después de la Comunión.
Por otra parte,
estarán de rodillas,
a no ser por causa de salud, por la estrechez del
lugar, por el gran número de asistentes o que otras
causas razonables lo impidan,
durante la consagración.
Pero los que no se arrodillen para la consagración,
que hagan inclinación profunda mientras el sacerdote
hace la genuflexión después de la consagración.
Sin embargo, pertenece a la Conferencia Episcopal
adaptar los gestos y las posturas descritos en el
Ordinario de la Misa a la índole y a las tradiciones
razonables de los pueblos, según la norma del
derecho [53]. Pero préstese atención a que respondan
al sentido y la índole de cada una de las partes de
la celebración.
Donde existe la
costumbre de que el pueblo permanezca de rodillas
desde cuando termina la aclamación del “Santo” hasta
el final de la Plegaria Eucarística y antes de la
Comunión cuando el sacerdote dice “Éste es el
Cordero de Dios”, es laudable que se conserve».
Liturgia de la palabra (MR 137)
«137. El Símbolo se canta
o se dice por el sacerdote juntamente con el pueblo
(cfr. n 68) estando todos de pie.
A las palabras:
y por la obra del Espíritu Santo, etc., o
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu
Santo,
todos se inclinan profundamente; y en la
solemnidades de la Anunciación y de Navidad del
Señor, se arrodillan».
Rito de conclusión (MR 185)
«185. Si se emplea la
oración sobre el pueblo o la fórmula de
bendición solemne,
el diácono dice:
Inclinaos para recibir
la bendición. Una vez que el
sacerdote haya impartido la bendición, el diácono
despide al pueblo, vuelto hacia él, diciendo con las
manos juntas: Podéis ir en paz».
Genuflexión e inclinación (MR 274-275)
«274. La
genuflexión,
que se hace doblando la rodilla derecha hasta la
tierra, significa adoración; y por eso se reserva
para el
Santísimo Sacramento, así como para
la santa Cruz
desde la solemne adoración en la acción litúrgica
del Viernes Santo en la Pasión del Señor hasta el
inicio de la Vigilia Pascual.
En la Misa el sacerdote que celebra hace tres
genuflexiones, esto es: después de la elevación de
la Hostia, después de la elevación del cáliz y antes
de la Comunión. Las peculiaridades que deben
observarse en la Misa concelebrada, se señalan en
sus lugares (cfr. núms. 210-251).
Pero si el tabernáculo con el Santísimo Sacramento
está en el presbiterio, el sacerdote, el diácono y
los otros ministros hacen genuflexión cuando llegan
al altar y cuando se retiran de él, pero no durante
la celebración misma de la Misa.
De lo contrario,
todos los que pasan
delante del Santísimo Sacramento hacen genuflexión,
a no ser que avancen procesionalmente.
Los ministros que llevan la cruz procesional o los
cirios, en vez de la genuflexión, hacen inclinación
de cabeza.
275. Con la
inclinación se
significa la reverencia y el honor que se tributa a
las personas mismas o a sus signos. Hay dos clases
de inclinaciones, es a saber, de cabeza y de cuerpo:
a) La
inclinación de cabeza
se hace cuando se
nombran al mismo tiempo
las
tres Divinas Personas, y al
nombre de Jesús,
de la bienaventurada
Virgen María
y del Santo
en cuyo honor se
celebra la Misa.
b) La inclinación de cuerpo, o
inclinación profunda, se hace: al altar, en las
oraciones Purifica mi corazón y Acepta,
Señor, nuestro corazón contrito; en el Símbolo,
a las palabras y por obra del Espíritu Santo
o que fue concebido por obra y gracia del
Espíritu Santo; en el Canon Romano, a las
palabras Te pedimos humildemente. El
diácono hace la misma inclinación cuando pide la
bendición antes de la proclamación el Evangelio. El
sacerdote, además, se inclina un poco cuando, en la
consagración, pronuncia las palabras del Señor».
Notas
[52]
Cfr. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución
sobre la Sagrada Liturgia,
Sacrosanctum Concilium, núms. 30. 34;
cfr. también allí el núm. 21.
[53]
Cfr. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución
sobre la Sagrada Liturgia,
Sacrosanctum Concilium, núm. 40;
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos, Instrucción Varietates
legitimae, día 25 de enero de 1994, núm. 41:
A.A.S. 87 (1995) pág. 304.
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Los Diez Mandamientos:
A la luz de las tres vertientes;
I
-
el Éxodo (salida o emigración de los israelitas de Egipto),
II
-
Deuteronomio (segunda ley o
repetición de la recibida en el Sinaí) y
III
-
como la Iglesia Cristiana los presenta
al hombre en su Tradición y Catequesis.
|
I-Éxodo
20, 2 - 17 |
II -Deuteronomio 5, 6 - 21 |
III |
|
Yo soy el Señor
tu Dios que te ha sacado del país de Egipto, de la casa
de servidumbre. |
Yo soy el señor,
tu Dios, que te ha sacado de Egipto, de la servidumbre. |
|
|
No habrá para
ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni
imagen alguna, ni de lo que hay arriba en los cielos, ni
de lo que hay abajo en la tierra. No te postrarás ante
ellas ni les darás culto, porque el Señor, tu Dios, soy
un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres
en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación de
los que me odian, y tengo misericordia por millares con
los que me aman y guardan mis mandamientos. |
No habrá para
ti otros dioses delante de mí... |
Amarás a Dios
sobre todas las cosas. |
|
No tomarás en
falso el nombre del Señor, tu Dios, porque el Señor no
dejará sin castigo a quien toma su nombre en falso. |
No tomarás en
falso el nombre del Señor tu Dios... |
No tomarás el
nombre de Dios en vano. |
|
Recuerda el día
del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y
harás todos tus trabajos, pero el séptimo día es día de
descanso para el Señor, tu Dios. No harás ningún trabajo,
ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu
sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu
ciudad. Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la
tierra, el mar y todo cuanto contiene, y el séptimo
descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado. |
Guardarás el
día del sábado para santificarlo. |
Santificarás
las fiestas. |
|
Honra a tu
padre y a tu madre para que se prolonguen tus días sobre
la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar. |
Honra a tu
padre y a tu madre. |
Honrarás a tu
padre y a tu madre. |
|
No matarás. |
No matarás. |
No matarás. |
|
No cometerás
adulterio. |
No cometerás
adulterio. |
No cometerás
actos impuros. |
|
No robarás. |
No robarás. |
No robarás. |
|
No darás falso
testimonio contra tu prójimo. |
No darás
testimonio falso contra tu prójimo. |
No dirás falso
trestimonio ni mentirás. |
|
No codiciarás
la casa de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu
prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su
asno, ni nada que sea de tu prójimo.
|
No desearás la
mujer de tu prójimo. |
No consentirás
pensamientos ni deseos impuros. |
|
No codiciarás...
nada que sea de tu prójimo. |
No codiciarás
los bienes ajenos. |
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El Valor de las
Pequeñas Cosas
|
Aprende a
escuchar el valor de
las pequeñas cosas, de los
acontecimientos. |
|
Verás que todo habla, todo se comunica contigo. |
|
Con cada falta de delicadeza, hiero un poco a
aquellos que me aman. |
|
Con cada desatención, no soy ni educado ni cristiano. |
|
Con cada mirada de desprecio, alguien resulta
golpeado. |
|
Con cada gesto de impaciencia, doy una bofetada
invisible a los que viven a mi lado. |
|
Con cada perdón que niego, va un pedazo de mi
egoísmo. |
|
Con cada resentimiento que esbozo, revelo algo de mi
amor propio herido. |
|
Con cada palabra áspera que digo, pierdo algunos
puntos para el cielo. |
|
Con cada omisión que practico, rasgo una hoja del
evangelio. |
|
Con cada limosna que niego, alejo más triste a un
pobre. |
|
Con cada juicio malicioso, aflora mi lado mezquino. |
|
Con cada oración que no hago, pierdo un mundo de
gracia. |
|
Con cada burla que hago, peco contra el silencio. |
|
Con cada llanto que enjuago, hago más feliz a mi
hermano. |
|
Con cada acto de fe, canto un himno a la vida. |
|
Con cada sonrisa que desparramo, planto una
esperanza. |
|
Con cada espina que clavo, lastimo el corazón de un
semejante. |
|
Con cada espina que arranco, alguien besará mi mano. |
"Si en cada paso que
voy a dar, me detengo y me pregunto, ¿Jesús, lo haría?, mis
tropiezos serían mínimos"
|
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